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!Aléjate de mi hija perro¡ dice Doña Perfecta de Pérez Galdós

El presente trabajo tiene por objeto efectuar una aproximación a la obra Doña Perfecta de Benito Pérez Galdós (1876), para destacar algunos de los aspectos contextuales que permean en la obra, tal como la clara dicotomía entra la tradición y el progreso. Para tal fin, además de exponer algunos comentarios sobre el autor, se presentarán las generalidades de la obra, así como una síntesis, acentuando algunos de los momentos en que se evidencia con claridad la conflagración entre la perspectiva modernizadora encarnada en el personaje del Ingeniero Pepe Rey, y el tradicionalismo, materializado –principalmente- en Doña Perfecta y Don Inocencio.


Ahora bien, como se indica en el portal Cervantes Virtual [CV], Benito, hijo de Dolores Galdós y el Teniente Coronel Sebastián Pérez, nació en el seno de una familia acomodada en las Islas Canarias hacia 1843. Llegó a Madrid a los 19 años y de la mano de don Francisco Giner de los Ríos, fundador de la Institución Libre de Enseñanza, se convirtió en un observador de las transformaciones citadinas, particularmente, cómo el país intentaba dejar atrás las viejas estructuras de poder teocéntricas para convertirse en una democracia liberal, pues fue testigo del final del reinado de Isabel II y del "Sexenio Democrático" (1868-1874), una época corta pero brillante donde España experimentó con ideas muy avanzadas para su tiempo, como el derecho a votar de todos los hombres y la libertad de practicar cualquier religión (S.F.).


En ese tenor, Don Francisco Giner lo alentó a escribir, dando como resulta obras, como: La Fontana de Oro (1870), La sombra (1871), El audaz (1871) y, desde luego Doña Perfecta (1876). Cabe destacar que para cuando Galdós publicó esta última obra, España había vuelto a una monarquía con Alfonso XII, buscando una estabilidad que, en realidad, se basaba en el control de unas pocas familias ricas y en el inmenso poder de la Iglesia Católica; por lo cual, dicha institución no era solo una guía para el alma; sino una organización que controlaba la educación y la moral pública. (CV, s.f.)


Ante lo cual, como señala Gómez-Martínez, Galdós decidió usar sus novelas como una herramienta de crítica, para señalar los problemas que impedían que España avanzara, influenciado por el krausismo como filosofía que creía en la razón, la ciencia y la educación como motores para mejorar el país; pues para él, la Iglesia, al aliarse con los sectores más cerrados de la sociedad, se había convertido en un obstáculo para el progreso, lo cual ciertamente es el eje central de la obra en estudio (1983).


La novela nació como un encargo para la Revista de España, solicitado por Don Fernando León y Castillo, sin embargo, de inmediato se erigió como lo que los críticos llaman una "novela de tesis", lo cual siguiendo a López (1999), constituye un género histórico que solo se puede entender vinculado a un metadiscurso con el que coincide históricamente en el momento de su aparición, lo cual se percibe claramente en la lectura de la obra, pues Galdós no solo quería contar una historia entretenida, sino que diseñó a sus personajes y escenarios para defender una idea específicamente centrada en el Krausismo y la pugna entre el pensamiento liberal y conservador.


Doña Perfecta es la historia de un enfrentamiento irreconciliable. entre dos formas de entender la vida que dividían a la España del siglo XIX: por un lado, está el progreso, la ciencia y las ideas liberales; por el otro, la tradición inamovible, el poder absoluto de la religión en la vida social y el miedo a lo nuevo. Pérez Galdós nos presenta este conflicto a través de la historia de un joven ingeniero que llega a un pueblo cerrado y fanático, donde su simple presencia desata una tragedia.

La trama comienza con la llegada de Pepe Rey a Orbajosa, un pueblo atrasado y aislado. Pepe es un hombre moderno, educado en la ciudad y con ideas liberales que viaja allí para encargarse de unos negocios familiares y, con la bendición de su padre, casarse con su prima Rosario, la hija de Doña Perfecta, a quien no conoce, pero que le fue prometida en matrimonio derivado de la diligencia del padre en la administración-recuperación de la quebrada hacienda de Doña Perfecta.


Desde el principio, Pepe se siente fuera de lugar, pues Orbajosa es un mundo distinto, la gente vive anclada en el pasado, desconfía de los forasteros y todo gira en torno a la religión y las apariencias. Doña Perfecta, la dueña y cacique del pueblo, es la encarnación de este mundo; pues aparentemente es una mujer piadosa y caritativa, pero en realidad es autoritaria, orgullosa y manipuladora.


Su devoción no es sincera, sino una herramienta para controlar a los demás, pues, aunque al principio recibe a su sobrino con aparente cariño con la idea de cumplir el compromiso, pronto empieza a ver en él una amenaza, ya que Pepe no detenta la devoción esperada, opina que los milagros de la iglesia local tienen explicación científica y habla de proyectos modernos, como un ferrocarril, que para ella son inventos del demonio; lo cual de observa prácticamente desde la primera conversación con el penitenciario -en el capítulo VI-, en que expone su postura respecto a la religión y la tradición y es increpado por ello.


El poder detrás del trono es Don Inocencio, el canónigo de la catedral: astuto y ambicioso, es el consejero espiritual de Doña Perfecta y quien más alimenta sus sospechas y aversión contra Pepe; incluso parecería que el penitenciario no defiende la fe por amor a Dios, sino por amor al poder, tal es así que él es quien va envenenando la mente de Doña Perfecta, convenciéndola de que Pepe es un hereje peligroso.


Lo cual se gesta desde la astuta y falsa lisonjearía que el canónigo expone a Pepe para hacerlo caer en un juego de disputa a través de comentarios pasivo-agresivos en los que en iluso ingeniero cae, llevándolo a exponer ideas anticlericales y progresistas con nefasto resultado: “Cuando concluyó de hablar, en los labios del canónigo retozaba una sonrisilla, y sus ojos habían tomado animación extraordinaria. D. Cayetano se ocupaba en dar diversas formas, ora romboidales, ora prismáticas, a una bolita de pan. Pero doña Perfecta estaba pálida y fijaba sus ojos en el canónigo con insistencia observadora. Rosarito contemplaba llena de estupor a su primo” (Pérez, 1876, p. 56)


Los episodios de confronta ideológica continúan, incrementando la aversión de doña perfecta respecto de su sobrino, llevándola al punto de no querer que se case con Rosario quien, es una joven tímida y sumisa, educada para obedecer, pero que se enamora sinceramente de su primo, pero que se convierte en el campo de batalla pues su madre la encierra y la vigila, tratando de matar su amor y, de manera simultánea, facilita los acercamientos con Jacinto, sobrino del canónigo a quien éste pretende casar con Rosarito, lo cual constituye el eje central de la campaña de desprestigio y vejación contra Pepe.


El nudo de la historia se da cuando Pepe Rey confronta a doña perfecta por tanta negativa y tantos problemas para el cumplimiento de la promesa de matrimonio evidenciando la situación:

“-Pues te repito el bofetón, sobrino -afirmó la señora con tanta energía como displicencia-. Ya lo sabes. No quiero que te cases con Rosario. Pepe calló. Hubo una larga pausa, durante la cual uno y otro estuvieron mirándose fija y atentamente, cual si la cara de cada uno fuese para el contrario la más perfecta obra del arte. - ¿No entiendes lo que te he dicho? -repitió ella-. Que se acabó todo, que no hay boda. -Permítame Vd. querida tía -dijo el joven, con entereza- que no me aterre con la intimación. En el estado a que han llegado las cosas, la negativa de Vd. es de escaso valor para mí. -¿Qué dices? -gritó fulminante doña Perfecta. -Lo que Vd. oye. Me casaré con Rosario.” (Pérez, 1876, pp. 84-85)


A partir de ese punto las cosas se complican pues, desesperado por ver a Rosario y sin poder razonar con su tía, planea fugarse con ella y si bien se complica la situación ante la declarada guerra, ocurre un acontecimiento que aparentemente beneficia a Pepe, es decir, la incursión del ejército nacional en Orbajosa, pues dentro de las filas militares estaba Pinzón amigo de Pepe y quien se alojó en la casa de Doña Perfecta y difundió el rumor de que el ingeniero era íntimo amigo del Brigadier.


Ello generó desazón y, en cierta medida, resignación en todos, ante la posibilidad de que Pepe se llevara por la fuerza a Rosario y se casara con ella; en todos menos en María Remedios, madre de Jacinto y sobrina del canónigo, ya que ésta, movida por la ambición propia de la gente pobre, anhelaba que su hijo se casara con Rosarito para salir de su condición y aferrándose a ello, increpa al canónigo para que “le den un susto” a Pepe para que desista de su intención matrimonial:


“Por más que echemos humos, siempre será Vd. el hijo del tío Tinieblas, el sacristán de San Bernardo... y yo no seré nunca más que la hija de Ildefonso Tinieblas, su hermano de Vd., el que vendía pucheros, y mi hijo será el nieto de los Tinieblas... que tenemos un tenebrario en nuestra cesta, y nunca saldremos de la oscuridad, ni poseeremos un pedazo de terruño donde decir: «esto es mío», ni trasquilaremos una oveja propia, ni ordeñaremos jamás una cabra propia, ni meteré mis manos hasta el codo en un saco de trigo trillado y aventado en nuestras eras... todo esto a causa de su poco ánimo de Vd., de su bobería y corazón amerengado...”


Ante la negativa del canónigo y de Doña Perfecta de tan ruin afrenta, la desdichada sobrina del canónigo se aferra, al punto de manipular a Inocencio para que ordene a Caballuco -jefe militar de la revuelta local- a que la acompañe a “una diligencia” y si bien éste conocía las intenciones de la señora y se negó a perpetrar un ruin plan, terminó por acompañarla, justo el día en que se iban a fugar Pepe y Rosarito; en escaramuza de mala suerte y peores intenciones, Caballuco, mata a Pepe, por instrucción de Doña perfecta (Pérez, 1876, pp. 84-85).


El final es abrupto y trágico. Galdós no nos muestra la muerte directamente, sino que la revela a través de una fría carta final, escrita por un pariente cobarde que indica que fue encontrado en el camino de los Alamillos el cadáver de José Rey, víctima de una supuesta emboscada; sin embargo la tragedia no termina con Pepe, Rosario, al conocer la noticia, pierde la razón y termina en un manicomio.


Doña Perfecta, aunque logró su objetivo, destruyó a su propia hija y ha dejado claro que su "perfección" era solo una máscara de intolerancia y orgullo; y en un giro deliciosamente dramático, aunque la miserable Maria Remedios no cesa en su afán de salir de la pobreza a costa de Doña perfecta, y ante la intención de casar a Jacinto con ésta, por accidente lo mata atravesándole el corazón con un cuchillo; todo ello mientras el canónigo se aísla por la culpa que siente al haber sido participe de la infamia.


Ahora bien, sin demerito de la formidable historia construida por Galdós, es necesario precisar que éste no ataca la fe cristiana o la espiritualidad en sí misma en esta obra, sino que su crítica es mucho más precisa: denuncia cómo algunas personas e instituciones utilizan la religión como una herramienta de control político y social. En Orbajosa, la fe se ha pervertido; ya no se trata de amor al prójimo, sino de un sistema de vigilancia donde se castiga a cualquiera que piense de forma diferente.


Ciertamente a través de la tragedia que sufren Pepe Rey y su prima Rosario, Galdós nos muestra el drama de las dos Españas de la época: una que quiere avanzar y otra que se aferra al dogma para no perder sus privilegios.


En Orbajosa, la fe también sirve para mantener una jerarquía social donde nada cambia, la religión es la ideología que justifica el poder de Doña Perfecta, pues ella se presenta como la "buena cristiana" ejemplar, por lo que llevarle la contraria es visto automáticamente como un ataque a la Iglesia misma.


Esta mezcla de dinero, posición social y religión hace que el pueblo confunda la justicia con la defensa de las tradiciones locales, lo cual se ve claramente en los problemas legales que sufre Pepe Rey al llegar: los pleitos por tierras no son solo disputas de dinero, sino ataques organizados por el entorno clerical para hostigar al ingeniero y recordarle que, en Orbajosa, las leyes modernas no valen nada frente a los lazos de sangre y la religión, la fe les da el lenguaje perfecto para disfrazar el egoísmo de clase como si fuera una defensa de "valores eternos", evidenciando que el clericalismo funciona como una barrera que protege a la sociedad tradicional de lo que ellos consideran los virus de la modernidad y la igualdad.


El punto más oscuro de la novela es ver cómo personas que se creen santas o moralmente superiores justifican un asesinato: Doña Perfecta llega a convencerse de que ordenar la muerte de su propio sobrino es un deber religioso y social, su mente está tan cerrada por el dogmatismo que prefiere ver a Pepe muerto antes que ver su pureza ideológica amenazada, ante las inminentes nupcias de Rosarito.


Galdós crea una ironía final muy amarga que hasta se siente como justicia poética: el "ateo" Pepe Rey es el único que valora la verdad, mientras que los "fieles" de Orbajosa viven una mentira colectiva. Al final de la obra, incluso intentan cambiar los hechos del asesinato en sus cartas para que la realidad no ensucie su imagen de ciudad perfecta. Como señala Gómez-Martínez, Galdós demuestra que una religión sin ética es solo un cadáver espiritual que termina destruyendo todo a su alrededor (1983).


Pepe Rey representa al hombre moderno: es un ingeniero que confía en la lógica, la observación y la ciencia para mejorar la vida de las personas. Su objetivo en Orbajosa parecería incluso que más allá de las nupcias, es técnico, como estudiar las minas y planear la llegada del ferrocarril para sacar a la zona de su aislamiento medieval, creyendo que la tecnología puede convertir las tierras secas en jardines prósperos.


Sin embargo, para la gente de Orbajosa, esta visión no es una ayuda, sino una ofensa, ven la ciencia como una forma de arrogancia humana que intenta desafiar el orden de Dios: como se observa en las observaciones de las Troyas al indicar “-¿Este es el caballero que dicen ha venido a sacar minas de oro? -dijo una. -¿Y a derribar la catedral para hacer con las piedras de ella una fábrica de zapatos? -añadió otra. -¿Y a quitar de Orbajosa la siembra del ajo para poner algodón o el árbol de la canela?” (Pérez, 1876, p. 53).


El clero, personificado en Don Inocencio, presenta los avances científicos como dudas peligrosas para la fe, porque el progreso material trae consigo una sociedad más libre e independiente, lo que significa que la Iglesia perdería el control absoluto que tiene sobre las mentes de los fieles, por eso inventan rumores diciendo que Pepe es un "diablo" que quiere destruir la catedral para poner fábricas en su lugar.


El inmovilismo de Orbajosa no es solo una idea; es una forma de supervivencia para los caciques como Doña Perfecta, temen que cualquier cambio en la forma de producir o de pensar altere su dominio sobre el pueblo, incluso el paisaje es irónico: los lugares tienen nombres bonitos como "Valle-ameno", pero en realidad son tierras estériles. Esta es la metáfora de una España que prefiere vivir de las glorias del pasado para no enfrentarse a la miseria del presente.


Al final, al matar a Pepe Rey, Orbajosa cree que ha ganado, pero lo que ha hecho es destruir su única oportunidad de tener un futuro mejor, es decir, de manera simbólica, el fundamentalismo, el cacicazgo, el pensamiento conservador y el dogmatismo religioso, exterminan al intento libertario, al desarrollismo y al pensamiento ilustrado, que pretendía contraer nupcias con lo más preciado para una sociedad, el futuro encarnado en la lozanía e inocencia de Rosarito quien de manera sugerente es seducida por la idea de algo diferente y mejor, pero que irónicamente, desciende a la locura ante la pérdida de tan formidable esperanza, como ocurre con todas las sociedades conminadas a las dictaduras.

 

En adición a lo anterior y para comprender a fondo la postura de Galdós, hay que hablar del krausismo que siguiendo Gómez-Martínez (1983), constituye una corriente filosófica que fue fundamental para los intelectuales españoles que querían regenerar el país a través de la educación y la moral; los krausistas creían que el gran mal de España no era solo la política, sino la intolerancia religiosa que impedía la armonía social. Pepe Rey es el modelo del ideal krausista, pues no es un ateo que odia a Dios, sino un hombre con una ética laica muy sólida, basada en la rectitud y la caridad activa. Esta filosofía permitía a los burgueses ilustrados oponerse al poder de la Iglesia sin tener que abandonar su espiritualidad.


Políticamente, Doña Perfecta encarna la frustración de los liberales progresistas, revelando que Galdós advierte que cualquier intento de modernizar España será un espejismo mientras no se solucione el problema de la educación y el poder de la Iglesia. En la novela, incluso la presencia del ejército constitucional (que debería representar la ley moderna) es vista por el pueblo como una invasión extranjera, lo cual demuestra que, para la España profunda de aquel entonces, una ley solo era válida si la aprobaba la Iglesia.


Al analizar Doña Perfecta, queda claro que Galdós no escribió un simple ataque contra la fe, lo que hizo fue una construcción literaria para mostrar cómo el clericalismo, entendido como un sistema de poder, puede convertirse en un arma letal contra la libertad y el progreso. La tragedia de Pepe y Rosario es la tragedia de una nación que se destruye a sí misma para mantener una supuesta pureza dogmática. Orbajosa representa una enfermedad social: la incapacidad de aceptar la modernidad por miedo al cambio y por la hipocresía de las instituciones.


Galdós nos ofrece un diagnóstico pesimista pero muy lúcido sobre las barreras que frenaban a España en el siglo XIX, pero lo más importante es que Doña Perfecta sigue siendo relevante hoy en día ya que nos recuerda los peligros de usar las creencias para dividir a la gente, el uso del miedo como forma de control y la hostilidad hacia el pensamiento crítico y científico.


La verdadera espiritualidad, nos dice Galdós, no puede crecer donde se usa el dogma para oprimir a los demás, una nación solo es verdaderamente moderna cuando sus ciudadanos pueden pensar libremente, sin el control de aquellos que, como dice el autor, "parecen buenos y no lo son".


Esta obra maestra no es solo un libro de historia, es una advertencia eterna contra el fanatismo que destruye la convivencia y el progreso humano.

 

Referencias

 

1.     Cervantes Virtual. (S.F.) Apunte bio bibliográfico de Benito Pérez Galdós. https://www.cervantesvirtual.com/portales/benito_perez_galdos/autor_apunte/

 

2.     Gómez-Martínez, J. L. (1983). Galdós y el Krausismo español. Nueva Revista de Filología Hispánica, 32(1), 55–79. https://www-jstor-org.pbidi.unam.mx:2443/stable/pdf/40298539.pdf?refreqid=fastly-default%3A1a6e9c64d2255f7a877dfafb4c7962f7&ab_segments=0%2Fbasic_search_gsv2%2Fcontrol&initiator=&acceptTC=1 

 

 


 

 

 
 
 

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